Si te he visto no me acuerdo


Animales Domésticos
Alejandra Costamagna
Editorial Random House Mondadori S.A
ISBN: 978-956-8228-30-9
Segunda edición





Animales Domésticos es un libro que puede leer como si se tratara de una playlist de relacionados en YouTube, o de ese zapping interminable de los domingos. Das play a la lectura e imaginas a “Yo, Claudio” como película gringa, “Hambre” representado en el teatro, “Pelos” como portada o contraportada del The Clinic, “La epidemia de Traiguén” como la telenovela de la tarde, y “Nadie nunca se acostumbra” como la aparición del terror inesperado. Pero pasa algo con las otras historias, las que se leen solo para seguir la continuidad de libro y no por interés propio. Aquí es cuando la frase popular “Si te he visto no me acuerdo” enmarca aquellas lecturas.

Los once relatos que componen el libro-playlist de Costamagna circulan en tres temas principales: mundo japonés, animales y enfermedades. Estos son los tópicos que enlazan las narraciones. Sin embargo, hay una diferencia entre relacionar y re-versionar. La mayoría de los cuentos que tienen como tema principal las enfermedades pueden leerse como si fuese la misma historia contada en días distintos, o como secuelas de una misma narración. Es como si la escritora hubiese hecho varias versiones de la misma idea para ver cuál resulta mejor y al final decide dejarlas todas. Pero esto no quiere decir que se pueda leer como una novela –debido a la continuidad en la técnica para abordar el mismo contenido–, sino como un remake.

Los relatos que siguen la temática antes mencionada son los que resultan más inverosímiles: un poco toscos, rebuscados, incluso agringados dentro de esta visión melancólica hipster de las enfermedades en vidas cotidianas. Todos vamos a morir –y todos vamos a morir de lo mismo según el libro–, pero antes de eso vamos a filosofar y encontrar el amor. Con esto vuelvo a la idea del tráiler, invento gringo que presenta todo muy ameno, muy profundo –y muy rápido–, pero que no profundiza más allá y solo presenta el tema. La mayoría de los cuentos que posicionan a las enfermedades autoinmunes como protagonistas hacen referencias a Japón,  y estos detalles nipones son los que terminan siendo la guinda de la torta. 

Por último, las referencias a los animales son mucho más naturales, y terminan siendo como el actor bueno que salva el guion. La narradora desarrolla muy bien los cameos de animales entre escenas cotidianas cargadas de significación. Utiliza a tal punto la alegoría entre, por ejemplo, lo que puede ser que un gato pierda su oreja y que el protagonista pierda su matrimonio, que terminas confundiendo qué fue lo que le dolió más. Uno de los fragmentos para el Oscar que escribe Costamagna en relación a los animales es este: “Boris está hundido en la silla del comedor; lo aplasta un enjambre de suposiciones. Se diría que es menos que un hombre. Mucho, muchísimo menos que un animal doméstico” (89) simple but effective! Desde estas líneas se puede interpretar el título –y por ende la temática–. No, no trata de mascotas, sino de los animales en dos patas que se dejan domesticar por situaciones a las que se ven enfrentados: por amores, por otros hombres, por dolores, en fin. Suena muy bien pero no se lee igual. Se extraña una mejor ejecución, ya que no son necesarias solamente buenas ideas; por el contrario, la forma en que se articula la fábula se vuelve repetitiva y poco creíble, lleno de situaciones sacadas de tráileres que apelan al tiempo limitado en que el receptor tendrá puesta la atención en él.

Por mucho que me gusten los animales, y las referencias a ellos en la obra, Animales Domésticos solo será recordado por esta lectora como el libro que leyó en el metro, cuando no tenía otra playlist y que, finalmente, dejó ir como se dejan ir a esos gatos que van y vienen hasta que un día no vuelven más: simplemente se te olvidan.

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