Todos piensan que soy un faquir


Desde que me encontré con el cuento “Siempre te creíste la Virgina Woolf” en internet, que leer a Apablaza me interesó. Recuerdo que llamó mi atención lo fuerte y clara que era la voz de la protagonista aún con lo vertiginoso y turbio que era el relato. No estaba acostumbrada a ese tipo de narración, a esa simpleza desde el puño de una mujer, así que, según recuerdo, revisé todo lo que pude de la autora, incluso su blog.
Fue en la FILSA 2016 donde pude hacerme de un libro de Apablaza: Todos piensan que soy un faquir (2013), un compilado dividido en tres partes, con nueve (quizás diez) cuentos y un par de páginas casi ensayísticas que reflexionan en torno a la creación literaria. Los cuentos están protagonizados por una mujer que está en sus 30 y aunque aborda crisis muy propias de esa edad, identifica a cualquier generación.
 “Creo que mi padre piensa que soy un faquir porque no tengo novio desde hace un año aprox” (11) es la oración de entrada al primer cuento. Nuevamente me sorprendí por la claridad en medio de la vida de la protagonista que pinta ser caótica. Entre recuerdos de infancia e inseguridades propias que no son contadas de manera lastimera, se establece una mujer con luces y sombras sin estereotipar. El humor es clave en la voz de esta mujer.
Las escenas narradas parecen estar escritas con un filtro desenfocado, literaturizando simplezas hasta el infinito. En el cuento "Movistar", por ejemplo, la protagonista se enfrenta a la presión del sistema cuando sufre un colapso por no pagar una cuenta. La sencillez de la premisa no deja el texto con vacíos, sino que se entra a esta vorágine muy propia de nuestra existencia en la que lo más mínimo parece una historia digna de contar.
El ritmo de los cuentos se mantiene durante todo el libro. El uso de oraciones que se intercalan, extensas, más cortas, con enumeraciones en mitad de la página, nombres propios que se traducen en iniciales, logran que la lectura sea amena y fluida. Apablaza marca con esto un estilo muy característico, que complementa la relevancia de la protagonista. Los cuentos en Todos piensan que soy un faquir muestran a un tipo de mujer un tanto irresuelta, muy consciente de sus ausencias en el mundo terrenal, pero que a la vez que ansía trascender.


Esta serie de cuentos demuestra una frescura y un manejo de la acción de narrar que va más allá del solo hecho de armar una historia, esto porque existe un juego con los tiempos y el orden que parece aleatorio pero que está muy bien pensado. Cada capítulo es una pieza que consigue tomar forma al final: “El universo es tu casa. Sí, así, exactamente así. Por fin. Lo eres. Sí. Lo eres. Por fin eres feliz” (126).

Comentarios

Entradas populares